ORIGEN DE LA PALABRA “PIRINEOS”

Existen varias teorías etimológicas al respecto, pero en este artículo os queremos presentar un pequeño resumen de los dos pensamientos más relevantes que han tratado este tema.

La tradición clásica griega atribuye el nombre a la ninfa Pyrene y al incendio (en griego, pyros es "fuego") de los montes. Según la leyenda Pyrene, hija de Túbal (nieto de Noé), fue pretendida por el gigante Gerión, al que rechazó. Enfurecido por ello Gerión dio muerte a Túbal y persiguió a Pyrene que se escondió en unos montes. Al no encontrarla, el gigante les prendió fuego. Hércules divisó el enorme incendio y acudió a socorrer a Pyrene que ya estaba agonizando y murió en sus brazos. Hércules le construyó este mausoleo que serían los Montes Pirineos. La leyenda puede relacionarse también con la riqueza argentífera de los Pirineos y el término griego para el fuego, puesto que en la Antigüedad se creía que la plata se formaba al fundirse los metales.

Por otro lado, hay otras teorías que aseguran puede tratarse de un topónimo ancestral, traducible echando mano de las raíces lingüísticas iberoeuskéricas.

Pirineos - Pirene os - Irene os - Ilene os.

Viene a significar Montes de la Luna. Ilene viene a ser Luna. En este punto, y a modo de sugerencia, no debe dejarnos de llamar la atención la conexión existente entre el término íbero-vasco ilene y el nombre de elena o irene.

El sufijo os lo encontraremos en multitud de términos ibéricos referidos a formaciones montañosas; por ejemplo, Gredos, Cameros, Picos, etc. Es un sufijo que alude a una condición de frialdad. También lo encontramos en el nombre de muchos ríos en la península, Tajo (en los antiguos registros se le conoce como Taxos), Duero (en la antigüedad llamado Douros), Ebro (llamado Iberos en época clásica), Turia (llamado Turios en épocas antiguas), etc.

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