EN DEFENSA DE LA “K”

El diccionario dice que la k es la duodécima letra del abecedario español, pero escribimos póquer con q.

Dice el diccionario que la k es la duodécima letra del abecedario español, y undécima del orden latino internacional. En cuanto a la ortografía, señala: «Se emplea en palabras de origen griego o extranjero...».

Sin embargo, el diccionario recoge póquer con q. Como en el flamante Diccionario panhispánico de dudas las 22 academias españolas del mundo han vertido nuevas normas, se hace obligada la consulta. Y allí, en la entrada de la letra k, se añade: «Aparece en palabras procedentes de otras lenguas en las que se ha buscado respetar la ortografía originaria, o en voces transcritas de lenguas que emplean alfabetos no latinos, como el griego, el japonés o el ruso: kaiser, kappa, karaoke, kermes, kiwi, kurdo, búnker...».

Hasta aquí la norma es clara, sobre todo porque la letra k pertenece a nuestro alfabeto y empleándola escribimos en español y además respetamos la grafía original, aunque sigamos jugando al póquer. Pero sigue: «Muchas de ellas pueden también escribirse con c o con qu, como quermes, quimono, criptón o curdo».

¿En qué quedamos? Es digno de encomio que las academias den un paso valiente en el sentido de hispanizar aquellos extranjerismos que han arraigado en nuestra lengua. Seguramente nunca llegaremos a escribir jipi (por hippy), pero es una grafía válida.

Sin embargo, ¿a qué tanta aversión a la k? ¿Quizá ven los señores panacadémicos a algún anarko u okupa escondido tras ella? Si se quiere castellanizar parking, es suficiente con quitarle la g. Cambiar k por qu y decirnos que hemos de escribir parquin es ya intervencionismo.

Magí Camps
La Vanguardia
14 de junio del 2006