FORMACIÓN DE LAS AUTONOMÍAS ESPAÑOLAS

Varios pueblos y civilizaciones vivieron en la Península Ibérica. El proceso de formación de España y su unidad fue largo y difícil. Los pueblos de la meseta fueron los que se esforzaron por conseguir y mantener la unidad. Los de la periferia costera se inclinaron hacia la autonomía y la dispersión. Ésta es la razón de que siempre se haya manifestado, con más o menos vigor, un cierto enfrentamiento entre las tendencias disgregadoras de signo autonomista y el centralismo unionista que predominó desde el Renacimiento y se impuso a principios del siglo XVIII.

La Constitución de 1978 asume la tradición autonómica de los pueblos y de las nacionalidades hispánicas. El Estado español está integrado, en consecuencia, por las Comunidades Autónomas siguientes: Andalucía, Aragón, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla-León, Cataluña, Comunidad Balear, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, La Rioja, Comunidad Autónoma de Madrid, Comunidad Foral de Navarra, País Vasco, Principado de Asturias y Región de Murcia.

La división de España en comunidades autónomas está basada en la propia historia de los pueblos que hoy constituyen el Estado Español. La mayoría de los historiadores coinciden en que fue el periodo de la Reconquista (722-1492), es decir, de la conquista de los territorios ocupados por los árabes, el que determina la actual división territorial de España. La pervivencia de algunas características propias de determinadas comunidades después de la unidad política de España (1492) pudo deberse, entre otras zonas, a la existencia de otras lenguas, además del castellano, a la debilidad del poder real o a que en España no se produjo una verdadera revolución burguesa.

Fue la II República (1931-1936) la que trató de solucionar constitucionalmente el problema territorial, mediante una fórmula intermedia entre el estado unitario y el federal, con el denominado Estado Integral, compatible con la autonomía de municipios y regiones. Durante el periodo de la República y como desarrollo de la Constitutión de 1931, se instauró en Cataluña un régimen estatutario, ratificado en plebiscito en 1931 y aprobado por las Cortes en 1932. En el País Vasco también fue votado en plebiscito, con la autoexclusión de Navarra, un estatuto autonómico que entró en vigor en octubre de 1936, pero su desarrollo fue interrumpido bruscamente por la Guerra Civil.

Por último, el Estatuto de Galicia, aprobado en junio de 1936, ni siquiera llegó a ser sancionado por las Cortes. Estas tres comunidades – Cataluña, el País Vasco y Galicia – se denominaron comunidades históricas por haber disfrutado, en mayor o menor medida y duración, de un régimen autonómico. El comienzo de la Guerra Civil el 18 de julio de 1936 impidió el desarrollo de estos estatutos autonómicos y, finalizada la guerra, el triunfo del Movimiento Nacional implantó la llamada “unidad nacional” y se suprimieron las autonomías.

En 1975, con el restablecimiento de la Monarquía, comenzó un nuevo proceso autonómico. Después de la publicación de la Ley para la Reforma Política y de la celebración de las primeras elecciones para el Congreso y el Senado comenzaron a constituirse por decreto-ley diferentes regímenes preautonómicos.

En la actualidad, con la excepción de Ceuta y Melilla, ciudades españolas en la costa de Marruecos, existen diecisiete comunidades autónomas.